El manuscrito que reescribe la historia de la ciencia en Colombia

Bajo la estricta vigilancia de la sala de seguridad del Fondo Antiguo, la mejor protegida de la Biblioteca Nacional, en Bogotá, se encuentran algunos de los libros más antiguos e importantes de la historia de Colombia. En ese recinto, de unos 26 metros cuadrados con condiciones controladas de luz, temperatura y humedad, están los textos […]

a través de El manuscrito que reescribe la historia de la ciencia en Colombia — El Mercurio salmantino

El sistema solar y el ‘cielo incógnito’

Sin duda, una de las teorías astronómicas más interesantes y revolucionarias que plantea Sánchez de Cozar es la relacionada con la gravedad y el movimiento de los astros en el cielo. Aunque en esa época, en Europa, pensadores como Nicolás Copérnico, Johannes Kepler e Isaac Newton ya estaban construyendo sus hipótesis en torno a un modelo heliocéntrico, el manuscrito propone un sistema geocéntrico que contradice la creencia cristiana según la cual cada uno de los astros gira en torno a la Tierra por acción de ángeles que los mueven a distintas velocidades. 

En este modelo, la Tierra está en el centro del universo y a su alrededor giran los círculos cercanos de Mercurio, Venus, la Luna, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno; más lejos, en un cielo fijo están las estrellas y el Empíreo, que es donde viven Dios, sus ángeles y “los bienaventurados”, según el manuscrito. Los cometas son explicados como fenómenos meteorológicos, es decir que ocurren a pocos kilómetros de altura.

En un acto de innovación, Sánchez de Cozar prescinde de los ángeles y plantea una explicación mucho más científica, en la que los planetas se mueven por la gravedad, una fuerza que sale desde un punto próximo al centro de la Tierra y que los atrae porque quedaron desestabilizados al inicio de su creación. En cambio, el cielo de las estrellas está fijo debido a su exacta simetría, por lo que no hay ninguna parte que se atraiga más que las otras. Él dice que cada uno de estos cielos, menos el Empíreo, tiene un nudo en forma piramidal (que alberga cada astro) dirigido hacia la Tierra, el cual es responsable de que hayan perdido estabilidad y estén dotados del movimiento. Hasta donde hemos podido investigar, la idea parece ser original y no simplemente que la haya fusilado de algún lado, dice Portilla.

El punto culmen de esta teoría es describir cómo será el fin del mundo: los cascos (que es como llama a estos cielos) se caerán los unos sobre los otros y chocarán, quedando fijos, atrancados; y la Luna colisionará con la Tierra.

Finalmente, Sánchez de Cozar introduce en su teoría un nuevo cielo al que llama ‘Incógnito’ y en el que transitan los cometas. “En 1681, él observó en el cielo y quedó impresionado con el ‘gran cometa de 1680’ (también conocido como cometa de Kirch o Newton, que se vio en Europa en ese año y está plasmado en una pintura del holandés Lieve Verschuier con una larga cola que abarca casi la mitad del cielo).

“En 1682 vio el cometa Halley, y, para explicar la presencia de esos cuerpos con movimientos enigmáticos, él se inventó el cielo Incógnito, bautizado así por no haber sido observado antes, y que se ubica entre la Luna y Mercurio. Esa es una idea nueva, aunque para la época ya obsoleta, que nadie había osado introducir en el modelo geocéntrico y es toda una transgresión desde el punto de vista de la escolástica, que no admite cambios en el cielo porque este es inmutable”, añade Portilla.

Primera tabla de latitudes y longitudes de las poblaciones

Portilla indica que en su manuscrito, el religioso calcula, sin copiar de ninguna fuente y a partir de sumas y restas, las lunas llenas y nuevas y los eclipses lunares y solares entre 1675 y 1740: “Sus resultados están ligeramente descachados porque en esa época utilizaban una serie de reglas basadas en las fases lunares de otros años y no una teoría de la gravedad, como sucede ahora. Por eso nos resulta difícil comparar con lo que sabemos en la actualidad, debido a que la rotación de la Tierra se está frenando muy ligeramente y no sabemos con certeza la duración del día sideral en esos años”, dice el académico.

Otro punto relevante es que Sánchez de Cozar se puso a la tarea de calcular las latitudes y longitudes de varias poblaciones de España, sus colonias y del Nuevo Reino de Granada con respecto al meridiano de una ciudad neogranadina: la provincia de Vélez, que es donde él vivía. Esto lo hizo a partir de las longitudes en relación con Sevilla (España).

“Lo interesante es que incluyó las latitudes y longitudes de otras 28 poblaciones neogranadinas que no estaban en el libro de Zamorano que consultó, lo que plantea el interrogante de dónde pudo haberlas conseguido, aunque él mismo pudo haber determinado algunas. En esto se adelantó un siglo al sabio Caldas, quien, hasta donde sabíamos, fue el primer criollo que intentó hacer algo similar para la conformación de un mapa del virreinato, con lo cual se pone en entredicho la idea de que Caldas es el primer astrónomo colombiano, asevera Portilla.

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