Una central de energía solar en el espacio.

Nuevo proyecto para obtener energía solar desde el espacio

A finales de la década de los 60 Peter Glaser [científico e ingeniero aeroespacial estadounidense nacido en Checoslovaquia] imaginó una forma de aprovechar la energía solar ilimitada en el espacio y transmitirla para su uso en la Tierra a través de microondas invisibles, una idea tan intrigante que el gobierno gastó 20 millones de dólares en estudiarla, solo para concluir que era todo demasiado complejo y caro.

Glaser, que como consultor de ingeniería privado desarrolló experimentos para la misión Apolo que puso a un hombre en la luna en 1969, escribió para la revista Science en noviembre de 1968 el estudio Power From the Sun: Its Future.

En su estudio, los satélites almacenarían energía solar mientras orbitaban la Tierra de una manera que casi nunca estuvieran en la oscuridad, siempre iluminados por el sol.

De varios kilómetros cuadrados de tamaño, los satélites tendrían conjuntos de paneles solares que capturarían la luz solar sin filtrar por la atmósfera (se aprovecharía así diez veces más radiación solar de la que llega a la Tierra), la convertirían en energía y luego transmitirían de forma inalámbrica a antenas receptoras en la Tierra. Generarían suficiente potencia para igualar la producción de varias centrales nucleares.

China quiere crear su propia central de energía solar... en el espacio

Ahora, la Academia de Tecnología Espacial de China (CAST), quiere convertir esto en realidad: su anunciada estación espacial de energía solar de nivel megavatio y 200 toneladas de peso estará lista para 2035.

Con una inversión de 28,4 millones de dólares estadounidenses, China está construyendo una base de pruebas en Bishan, al suroeste del país, para la investigación de la transmisión inalámbrica de energía de alta potencia y su impacto en el medio ambiente. En febrero de 2019 se conocieron detalles de estas pruebas.

La instalación de prueba ocupará 13,3 hectáreas. También se lanzarían de cuatro a seis globos atados desde la base de pruebas y conectados entre sí para configurar una red a una altitud de alrededor de 1.000 metros. Estos globos recolectarán la luz solar y convertirán la energía solar en microondas antes de transmitirla a la Tierra. Las estaciones receptoras en el suelo convertirán tales microondas en electricidad y la distribuirán a una red. Si las pruebas tienen éxito, los investigadores lanzarán nuevos globos atados a la estratosfera para realizar más pruebas. Si todo va bien, una central de energía solar china se pondrá en órbita a unos 36.000 kilómetros sobre la Tierra y comenzará a generar energía antes de 2040.

Japón es, junto a China, el único país que invierte actualmente fondos estatales en la investigación y desarrollo de la energía solar espacial.

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