Los mayores fraudes científicos de la historia.

En los últimos 50 años, más de 2.200 artículos han sido retirados al ser considerados fraudulentos por la comunidad científica. 

fraude cientifico - Búsqueda de Google

Pedro Gargantilla, médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación. nos revela en este artículo que aquí reproducimos, algunos de los mayores fraudes científicos de la historia. 

La ciencia es el gran icono del progreso y avanza, como diría Isaac Newton, sobre hombros de gigante. Pero para que haya solidez deben existir buenos cimientos y es una obligación de todos perseguir el fraude científico.

El engaño es un arte y, desgraciadamente, también existe en el ámbito científico. Hay estudios que se visten con el traje del éxito cuando realmente no lo son. Hay autores a los que no les tiembla el pulso en plagiar a compañeros, otros que acallan los resultados que no salieron como se esperaba o, simplemente, hay autores que falsean datos.

Es cierto que no todo es lo mismo, pero en estos tres supuestos la ciencia se mueve en las aguas pantanosas del engaño. Nuestro Diccionario de la Academia Española define como fraude una acción contraria a la verdad y a la rectitud que perjudica a la persona contra quien se comete, en este caso, contra la comunidad científica y, por ende, contra la humanidad.

Impudicia científica

El hombre de Piltdown, uno de los mayores fraudes científicos

Uno de los fraudes más sonados de la Historia fue el Hombre de Piltdown, un supuesto hallazgo paleontológico al que se atribuyó -durante cuatro largas décadas- el honor de ser el eslabón perdido de la evolución humana. Los científicos probaron que los restos tenían menos de 50.000 años de antigüedad y que el cráneo y la mandíbula procedían de dos especies diferentes (un cráneo humano y fragmentos de mandíbula de un simio, probablemente un orangután). Todo el conjunto había sido manipulado con el fin de provocar el engaño.

 Cien años después, un grupo de investigadores británicos emplea la última tecnología para intentar esclarecer el enigma. Aunque Charles Dawson (arqueólogo aficionado que, junto con el eminente paleontólogo Smith Woodward, del Museo Británico, presentó los restos en Londres) es el principal sospechoso, el número de implicados pudo ser mucho mayor, incluyendo a Woodward, Martin Hinton, el conservador del museo, el sacerdote jesuita Teulhard de Chardin e incluso el famoso escritor Arthur Conan Doyle.

En 1911 el estadístico y genético R.A. Fisher sugirió que los resultados obtenidos por Gregor Mendel, el padre de la genética, eran demasiado ajustados a lo esperado y señaló que, quizás,  alteró a sabiendas los datos obtenidos en sus famosos cruzamientos de diferentes variedades de la planta del guisante, para recoger sólo los que avalaban las ideas preconcebidas que ya tenía.

Más artístico y original fue el fraude de William Summerlin, un investigador que sombreó con manchas negras la piel de unos ratones para demostrar su éxito en los trasplantes cutáneos de animales.

Muchas manzanas podridas

Yoshitaka Fujii – Manzanas Podridas
Yoshitaka Fujii

Si hiciéramos un Guinness de los Records de la «engañología» -un término acuñado por Federico di Trocchio-, nos encontraríamos en la primera posición a un médico anestesista japonés: Yoshitaka Fujii, el investigador con más artículos científicos retirados de la historia moderna. Actualmente la base de datos de Retraction Watch contiene de él 172 artículos etiquetados como retirados y 7 con notificación de expresión de “en cuarentena”. Fue la Sociedad Japonesa de Anestesia la primera en detectar ciertas irregularidades en sus publicaciones, que iban desde la falsedad de datos estadísticos hasta la invención de pacientes inexistentes.

El científico nipón desplazó a otro anestesista, en este caso teutón, a la segunda posición. Joachim Boldt falseó datos en más de noventa publicaciones, además de no contar con las preceptivas aprobaciones de los comités éticos para realizar sus estudios.

A estos dos grandes genios del fraude les siguen Yoshihiro Sato Diederik Stapel, con 59 y 58 publicaciones retiradas, respectivamente.

En el año 2005 Martinson publicó un artículo en la prestigiosa revista «Nature» en el que sostenía que el 11% de los investigadores encuestados había admitido realizar prácticas de investigación «cuestionables» en algún momento de su carrera. Siete años después, la revista «PNAS» publicaba un artículo en el que se señalaba que el fraude científico lejos de disminuir, se ha multiplicado por diez desde 1975 y que la gran mayoría de los trabajos que han sido retirados se deben a engaños intencionados.

En algunos casos es muy complicado combatir los fraudes porque han calado hondo en la sociedad y tienen decenas de miles de seguidores por todo el mundo. Esto ha sucedido, por ejemplo, con la publicación del gastroenterólogo británico Andrew Wakefield, que en 1998 vinculaba la vacunación triple vírica –que protege frente a las paperas, sarampión y la rubeola- con la aparición de autismo.

Aunque actualmente está más que demostrado que Wakefield no sólo manipuló los datos sino que también falseó la información para recibir una compensación económica, hoy son muchos los que siguen actuando de altavoces de esta ignominia científica.

El mayor escándalo de la ciencia española

En 2017 se destapó el mayor fraude dentro de la ciencia española, salpicando a multitud de estamentos de la investigación mundial: a algunos de los mejores centros científicos de España y de EE UU, a prestigiosas revistas científicas, a investigadores internacionales de primera fila e incluso al Consejo Europeo de Investigación, dedicado a impulsar la excelencia en la ciencia europea.

Susana González: El mayor escándalo de la ciencia española se vuelve mundial | Ciencia | EL PAÍS

La protagonista es la bióloga Susana González, despedida de manera fulminante el 29 de febrero de 2016 después de que su organismo, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), detectara un reguero de sospechosas “irregularidades” en sus trabajos destinados a curar corazones de personas enfermas. Desde entonces, tres prestigiosas revistas científicas —NatureNature Communications y Cell Cycle— han retractado cuatro de los estudios que González publicó en ellas entre 2006 y 2015.

Pero las presuntas trampas de la bióloga española comenzaron mucho antes. La revista de la Sociedad de Microbiología de EE UU, Molecular and Cellular Biology, ha anunciado la retirada de un quinto estudio, publicado por González en 2003, cuando era una prometedora investigadora en el Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering de Nueva York. “Expertos en tecnologías digitales nos han informado de que algunos de los datos publicados en este estudio fueron muy probablemente manipulados digitalmente”, sostiene ahora la revista.

Esta quinta retractación sugiere que Susana González cometió graves irregularidades, como la presunta invención de experimentos nunca realizados, entre 2003 y 2015, sin que absolutamente nadie diera la voz de alarma. Además de en el CNIC de Madrid y en el Memorial Sloan Kettering de Nueva York, González también trabajó en ese periodo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), uno de los mejores del mundo, también con sede en Madrid. Tres antiguos compañeros de la bióloga en ese campus madrileño, ajenos entre sí, afirman que “todo el mundo” allí conocía las irregularidades. Era un secreto a voces.

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