La ciencia oculta.

La ciencia oculta. Barcelona: Fundación Dr. Antonio Esteve, 2017 Texto completo   La historia de la ciencia está llena de contribuciones, importantes o no, de cuya autoría no ha …

La ciencia oculta. Idea original, textos y sugerencias de figuras de Sergio Erill. Barcelona: Fundación Dr. Antonio Esteve, 2017

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La historia de la ciencia está llena de contribuciones, importantes o no, de cuya autoría no ha quedado huella. También hay, por supuesto, el caso contrario, y nombres como Galileo, Newton, Gauss o Einstein, por mencionar solo unos pocos, casi forman parte del lenguaje de cada día.

Si repasamos la lista de los grandes héroes de la ciencia, algo llama la atención: que prácticamente no hay mujeres. Encontramos, naturalmente, el nombre de Marie Curie, pero no nos damos cuenta de que ha habido muchas otras científicas que tuvieron que enfrentarse a todo tipo de dificultades por su condición de mujeres, y que ha comportado que su papel haya quedado difuminado o, incluso, oculto del todo. Esta recopilación pretende sacar a la luz, a modo de ejemplo, la tarea de unas científicas que alcanzaron hitos muy importantes y que, si bien algunas vieron que su trabajo era reconocido universalmente, otras fueron olvidadas o relegadas a una zona de claroscuros de la cual las queremos sacar.

Por ello, la Fundación Dr. Antonio Esteve presenta La ciencia oculta, un libro que recopila la trayectoria de quince científicas que alcanzaron grandes hitos en la historia de la ciencia. Si bien algunas vieron reconocido su trabajo universalmente, otras fueron olvidadas o relegadas a una zona de claroscuros que conviene alumbrar. El encargado de hacerlo es Sergio Erill, catedrático de farmacología, que con esta nueva publicación quiere acercar a todos los públicos la vida y obra de quince ilustres mujeres científicas.

Mediante dos imágenes que a priori no tienen nada en común, cada capítulo nos adentra en la trayectoria científica de mujeres como Hipatia, elemento clave de la comunidad científica de Alejandría, o, más recientemente, Jocelyn Bell, cuyo papel en el descubrimiento del púlsar jamás fue reconocido con el Premio Nobel, que fue a parar a sus compañeros Antony Hewish y Martin Ryle.

A pesar de las dificultades para llevar a cabo su trabajo, algunas científicas sí lograron por fin su reconocimiento. Es el caso de Mina Fleming (1857-1911), que después de que su marido la dejara, embarazada, con 20 años entró a trabajar como criada en la casa del profesor Edward C. Pickering, director del Harvard College Observatory. Empezó a trabajar en el observatorio haciendo trabajos rutinarios y demostró su talento desarrollando un sistema de clasificación de estrellas basado en su espectro. A lo largo de nueve años, Fleming catalogó más de 10.000 estrellas, a la vez que descubrió 10 novas, 52 nebulosas y 310 estrellas variables. Aunque gran parte de su trabajo se atribuyó a un compañero, Mina Fleming fue nombrada Miembro Honorario de la Royal Astronomical Society en 1906. El cráter Fleming de la Luna nos recuerda su trabajo.

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